En América Latina y el Caribe se observa un creciente protagonismo de las mujeres en el mantenimiento socioeconómico y cultural de sus comunidades. En Uruguay hay mujeres al frente de casi un 20% de las explotaciones agropecuarias, informa el Atlas de las Mujeres Rurales de América Latina y el Caribe de la FAO

Esta publicación de la FAO presenta una radiografía en profundidad del estado de los derechos de las mujeres rurales, su seguridad alimentaria y nutricional, desarrollo económico y sus retos y oportunidades. Según sus estadísticas, en Uruguay un 19,7% de las explotaciones rurales tiene al frente una mujer, de acuerdo a datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Además, la misma fuente indica que la proporción de tareas no remuneradas que realiza una mujer rural es mayor a la de una mujer urbana, y mucho mayor que la de los hombres, sean urbanos o rurales.

El estudio destaca en general que las mujeres juegan un rol fundamental en la transmisión del conocimiento, incluyendo la memoria histórica de los pueblos y los saberes técnicos como el manejo agroecológico, la selección de semillas, la reproducción de plantas y los usos medicinales de las hierbas. “Aunque hemos visto mejoras considerables relativas a los derechos de las mujeres rurales en los países de América Latina y el Caribe, todavía existen múltiples obstáculos que hay que superar para que las mujeres conquisten su plena autonomía”, explicó Claudia Brito, Oficial de Género de la FAO.

Según Brito, avanzar hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 – lograr la igualdad de género – requiere fomentar una participación plena y efectiva de las mujeres en la toma de decisiones económicas y políticas en sus países. Además, es fundamental garantizar su acceso a los recursos económicos en condiciones de igualdad y valorar las labores no remuneradas que realizan, como la producción de alimentos para sus familias y el cuidado de niñas, niños, personas mayores y enfermas. Labores que no se reconocen Según el Atlas,uno de los elementos comunes que caracterizan la vida de las mujeres rurales en la región es la sobrecarga de trabajo, debido a una división sexual del trabajo que deja en sus manos los cuidados. La invisibilización del trabajo que realizan en el ámbito reproductivo, productivo y para el autoconsumo es otro factor clave, el cual se suma al bajo acceso que tienen a los medios de producción y la menor calidad para la producción de las tierras que controlan.

Otro factor destacado por el Atlas son las dificultades que enfrentan para la participación política y su poca autonomía económica. “No podemos olvidar la precariedad y temporalidad de los trabajos que realizan las mujeres rurales, así como su bajo nivel de cobertura en los sistemas de protección social,lo que genera inseguridad económica. Tampoco podemos olvidar los múltiples casos de violencia contra ellas, y como eso afecta su desarrollo de múltiples maneras”, explicó Brito.

El Atlas recomienda avanzar en políticas nacionales de lucha contra la pobreza femenina, consolidando las transferencias de ingresos e implementando acciones intersectoriales de apoyo a las mujeres víctimas de la violencia. También destaca la necesidad de mejorar su acceso a la tierra y al agua mediante instrumentos como las Directrices Voluntarias para la Gobernanza Responsable de la Tierra, y mejorar la oferta de servicios financieros y apoyos a la producción con enfoque de género, entre otros aspectos.

Con información de la República