La gran mayoría de pueblos indígenas de Guatemala, que son aproximadamente el 60% de la población total, viven del trabajo informal y sufren un limitado acceso a los servicios básicos como agua y electricidad.

“El 84% de las niñas y niños indígenas en el país viven en pobreza”, denuncia Enrique Maldonado, economista sénior en el área de Presupuestos Públicos y Derechos Humanos del Instituto Centroamericano de Estudios Sociales (ICEFI). “Guatemala puede jactarse de tener el presidente de América Latina mejor pagado, pero sus niños y niñas, sobre todo indígenas, en pleno siglo XXI, aún mueren de hambre”, añade.

A su vez, Miriam Domínguez, comisionada coordinadora de la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo, subraya la necesidad de reconocer y escuchar la voz de los pueblos indígenas. “El racismo impregnado en nuestra sociedad es muy latente en las mentalidades, en las actitudes”, denuncia la comisionada, insistiendo que en Guatemala debe haber “educación bilingüe intercultural, promoción de los derechos, y participación activa en la toma de decisiones de pueblos indígenas”.

Comentando los Acuerdos de Paz, Isabel Solís, líder indígena de origen q’qechí, subraya que los vieron “como una esperanza de vivir de otra forma, de paz, de desarrollo”, a lo que puntualiza: “Sin embargo, los Acuerdos de Paz, al menos desde nuestra lectura, son un instrumento con el cual hicieron adormecer a los pueblos indígenas”.

Con información de RT