En el vientre de la COP, mi tiempo es el de la Selva

 

En la Zona Azul, en medio del apuro de los no indígenas, todo se mueve como en un estómago en el que se retuerce el futuro de la tierra, mientras los Indígenas viven el tiempo de los ríos y de la Selva.

Siento como si me hubieran tragado. Y, dentro del estómago de la criatura, camino con la sensación de estar ahogándome. Me duele la nariz con el mismo dolor que sentimos cuando nos estamos ahogando. Esta es mi percepción de la Zona Azul en la COP30, la arquitectura del lugar no me hace pensar en otra cosa sino en el estómago de un animal.

Aquí en la COP30 todo parece urgente. Las voces hablan del futuro, de los objetivos, del financiamiento. Siempre yendo y viniendo, con la prisa de quien lleva un reloj en el alma. En la Selva nada tiene prisa; los árboles tienen su propio tiempo para dar fruto, cuando plantamos nuestros cultivos, las semillas brotan cuando la tierra está lista. Cada pájaro canta a su propio ritmo. Hay un pájaro, el tinamú, que solo canta al amanecer, al mediodía y al atardecer, y nunca se adelanta. Nunca canta ni antes ni después. La Selva entiende el tiempo como un pacto entre los seres.

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