MÉXICO, Ene 26 (FILAC) – En la península de Yucatán, México, la lengua Maya aún resuena en comunidades que preservan sus saberes ancestrales. Allí, un grupo de mujeres ha tejido una red que va más allá de la defensa del territorio: “Bordando Ko’olectividad en el territorio Maya” es un espacio donde se entrelazan cuidado, sanación y resistencia, conectando identidad, prácticas tradicionales y espiritualidad.
Desde 2021, la red agrupa a 15 colectivos y organizaciones, extendiéndose por más de 40 comunidades en la Yucatán, Campeche y Quintana Roo. Sus integrantes cumplen roles diversos como gestoras, voceras y administradoras, trabajando en la defensa del territorio y el rescate de prácticas ancestrales, como la agricultura de la milpa y los solares, el uso de plantas medicinales, el cuidado del aire, la preservación del monte y el rezo a guardianas y guardianes de la naturaleza.

La red pone en marcha recorridos del Saq’ Be’ en siete comunidades elegidas, revitalización de la lengua Maya, talleres, producción de videos y difusión a través de las redes sociales con la iniciativa “Recuperación de la mayanidad para proteger y curar a las mujeres defensoras del territorio”. El objetivo es cuidar de manera integral a las mujeres que defienden el territorio al volverlas a conectar con sus costumbres tradicionales y resaltando elementos de la identidad Maya.
Esta iniciativa es posible gracias al apoyo del Fondo Saq’ Be’ “camino blanco” en lengua Maya, impulsado por el Programa Emblemático de Mujeres Indígenas de América Latina y el Caribe – MILAC, el Instituto Iberoamericano de Lenguas Indígenas – IIALI, el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe – FILAC, y respaldado por el Fondo Pawanka.
Situación actual de la lengua Maya
La lengua Maya, también conocida como maya yucateco o maayat’aan, es una lengua autóctona de la península de Yucatán, en el sur de México. Pertenece a la familia lingüística de las lenguas mayenses, habladas además en Belice, Guatemala y otras regiones del sureste mexicano.

Según el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía – INEGI, en México existen aproximadamente 774,755 personas mayores de tres años que hablan lengua Maya. La mayoría de los hablantes habitan en los estados de Yucatán, Quintana Roo y Campeche.
El Atlas de los Pueblos Indígenas de México da a conocer que la lengua Maya es la segunda agrupación lingüística indígena más hablada en el país, después del náhuatl. Sin embargo, a pesar de su relevancia, no está exenta de riesgos de desaparición, especialmente ante los procesos de migración, urbanización y pérdida de transmisión intergeneracional.
Mujeres frente a la violencia y la defensa del territorio”
Las mujeres defensoras del territorio en Yucatán, Campeche y Quintana Roo enfrentan violencia de género y limitaciones en sus espacios organizativos. Katia Rejón comenta que “aunque siempre hubo violencia, ahora esta es mucho más fuerte”. Su participación en organizaciones mixtas que defienden el Pueblo, la milpa y el territorio no garantiza que tengan las mismas posibilidades de que sean escuchadas y tomadas en cuenta en las decisiones colectivas.

Asimismo, Katia aclara que no se dan las condiciones para compartir sus vivencias personales y sentimientos, ya que “no hay lugar para hablar sobre los hijos, el hogar, la cocina, del novio que es abusivo en casa”, aun cuando estos aspectos afectan su vida y su labor comunitaria.
Frente a esta situación, los espacios impulsados por la red de mujeres se han convertido en lugares de contención, reflexión y aprendizaje. Allí pueden liberar tensiones y reconocer su propia humanidad.
“Este espacio ha sido un espacio de dejar salir todas esas cosas, no nada más las violencias, sino también los momentos de placer, disfrute, y bienestar”, expreso Katia.

Otro valor fundamental de estos encuentros es el intercambio intergeneracional, pues permiten recuperar conocimientos que se han ido perdiendo. “Son espacios donde puedes aprender de muchas abuelas, y a la vez las jóvenes aportan desde sus propias habilidades, creando un puente de aprendizajes mutuos”.
A pesar de los avances, la discriminación persiste. Mujeres mayahablantes han enfrentado obstáculos legales, escolares y médicos por el uso de su lengua. “Hay mujeres específicamente maya hablantes que han sido encarceladas por tener abortos espontáneos, o partos fortuitos y que fueron acusadas en su momento de homicidio, ni siquiera de aborto, no de homicidio en razón del parentesco y que no tuvieron y no se pudieron defender en esos”.
Prácticas ancestrales de cuidado y sanación
Cristian Aurelia Rodríguez López, operativa de la iniciativa explica que la red de mujeres no solo defiende el territorio y los derechos humanos y de las mujeres, sino que también preserva saberes ancestrales, como la medicina tradicional, la espiritualidad, la cosmovisión de la lengua, el cuidado de semillas y diversas prácticas comunitarias y rituales.

Entre las prácticas rituales que conectan con la naturaleza revitalizadas destacan el uso del fuego, las comidas tradicionales, las plantas medicinales y aromáticas, incluyendo las rosas, así como el cuidado del agua, del aire, del monte y de los cultivos familiares, como las milpas y los solares. También se mantienen vivos los rezos dirigidos a los guardianes de la naturaleza.
“Hablar con el fuego constantemente también nos ayuda a entregarle nuestro dolor, nuestro cansancio y también ayuda a que nos vayamos con menos carga a nuestros espacios, nuestras casas y se utiliza mucho las medicinas o las plantas aromáticas, no como la ruda, la albahaca, el romero. Y eso hace que, al ver estas prácticas que nos hacen sentir bien. Pues poco a poco lo va incorporando uno a su vida. No cuando te sientes mal, te sientes agobiado, te sientes cansada”, comenta Rodríguez.
Estas actividades no solo fomentan la sanación individual, sino que fortalecen la cohesión comunitaria y ayudan a enfrentar la violencia y los conflictos territoriales sin romper el tejido social.
Cristi Rodríguez explica que su acercamiento a la lengua Maya proviene de una sensibilidad desarrollada a través de los rituales, como el uso del fuego o las rosas, que le han permitido relacionarse con más amor hacia su entorno, su cuerpo y la naturaleza. Señala que comprender cómo las abejas, los pájaros y otras especies sostienen el ecosistema le ha llevado a querer vivir con propósito y, desde ahí, a aprender Maya.
Identidad
Katia comenta que, aunque la identidad no era un tema central en los encuentros, siempre surge, sobre todo entre las juventudes, muchas jóvenes sienten que no pueden nombrarse Mayas porque ya no comparten los conocimientos o prácticas de sus abuelas, como saber los nombres de las plantas o de los pájaros.

Además, hay como varias versiones de de esto mismo. “varias compañeras lo decían como de diferentes formas de que yo no puedo decirme Maya porque no uso Wiipil, o yo no puedo decir Maya porque vivo en la ciudad”.
Estas dudas no vienen de afuera, sino “de nosotras mismas hacia nosotras mismas”, menciona.
Revitalización de la lengua y visibilización política
El aprendizaje de la lengua Maya se integra de manera práctica y cotidiana. Las mujeres hablan Maya durante talleres, recorridos y actividades intergeneracionales, lo que permite que la lengua no solo se estudie, sino que se viva.
Asimismo, se producen cápsulas informativas bilingües en Maya y castellano, difundidas en redes sociales, acercando los saberes ancestrales a otras comunidades y sensibilizando sobre la importancia del cuidado integral de las defensoras del territorio.

“Escuchar las experiencias de las abuelas a través de la capsulas, que son difundidas en las redes sociales, por ejemplo, en Instagram, permite acceder a saberes que los jóvenes no encontramos fácilmente en otros espacios”, señala Katia.
Katia destaca que, dentro de las actividades de la red, la lengua se experimenta plenamente: “no solo se habla, sino se la vive. Estamos como que en ese universo donde la lengua existe y tiene sentido y ayuda a explicar muchas más cosas de las que como las hablamos en español”.
Cristian explicó que la lengua Maya está presente en prácticas cotidianas y ceremoniales, como el uso de plantas medicinales, la cocina y los procesos de reflexión comunitaria.

Destacó que la lengua es transversal a su trabajo, aunque reconoce que otros colectivos están más dedicados directamente a la poesía, el arte o la tradición oral en Maya, y considera importante apoyarles y tejer redes desde ese reconocimiento.
Por ello, los espacios de autocuidado, acompañamiento y enseñanza de la lengua Maya son esenciales para fortalecer la resiliencia, la identidad y la resistencia de las mujeres defensoras.
Impacto y enseñanza de la red
Aunque los recursos limitan el alcance, se calcula que unas 30 personas han participado directamente en los talleres y recorridos, con un impacto extendido gracias a la difusión de las actividades en redes sociales.


