Kashiri, la Luna, vio a la joven a través de la ventana. El astro descendió del cielo y la encontró comiendo tierra moldeada como un tubérculo. “Lo que tú estás comiendo es barro, no es yuca; yo te haré probar la yuca verdadera”, le dijo. Enamorado de ella, Kashiri le entregó la semilla sagrada y le enseñó a sembrar. Eso cuentan las abuelas y abuelos machiguenga.
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