COLOMBIA, Oct 14 (FILAC) – En la comunidad indígena de Vegas de Santana, en el departamento del Putumayo, Colombia, un grupo de 30 mujeres Siona lidera un proceso de rescate y revitalización de las prácticas avícolas ancestrales, consideradas un pilar esencial de la identidad cultural del Pueblo Siona. Estas mujeres combinan los saberes tradicionales con los principios de la agroecología moderna, impulsando la conservación de la biodiversidad y el equilibrio entre el bienestar de las aves, la comunidad y el ecosistema.
“Las mujeres Siona somos tejedoras de pensamiento y dadoras de vida; somos quienes cultivamos y producimos buena parte del sustento familiar para nuestros hijos”, afirma Gladis Jacanamejoy, gobernadora y representante de la iniciativa.

A través de procesos de capacitación, acompañamiento técnico y fortalecimiento organizativo, la iniciativa promueve el empoderamiento de las mujeres Siona en la avicultura, fomentando su liderazgo y participación activa en la toma de decisiones comunitarias. Paralelamente, se desarrollan estrategias de respuesta al cambio climático, orientadas a proteger la producción avícola y garantizar la sostenibilidad del territorio frente a los desafíos ambientales.
Estas acciones se enmarcan en la iniciativa “Agroecología Ancestral para la Avicultura de las Mujeres de Vegas de Santana”, implementada por el Cabildo Indígena del Resguardo Siona Vegas de Santana en el contexto del Fondo Semillas de Reciprocidad, con el apoyo del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe – FILAC, el Programa Emblemático Mujeres Indígenas de América Latina y el Caribe – MILAC, las redes regionales de mujeres indígenas de Abya Yala, el Fondo Pawanka y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo – AECID.
Pueblo Siona: guardianes de la cultura y la naturaleza
El Pueblo Indígena Siona habita en el departamento del Putumayo, Colombia, a orillas del río Putumayo, en las confluencias de los ríos Cuhembi y Piñuña Blanca. Su nombre significa “el Pueblo del río de la caña brava”, expresión que en su lengua se traduce como Ga’tiya Paín. A lo largo del tiempo también han sido reconocidos con otros nombres, como Ceona, Quenquecoyo, Encabellado y Bahupai.
De acuerdo con el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2019, 2.599 personas se autoidentificaron como integrantes del Pueblo Siona. La mayoría reside en el Putumayo, mientras que pequeñas comunidades se encuentran en La Guajira y Bogotá.
Su economía se basa principalmente en una agricultura, guiada por los ritmos de la naturaleza y el conocimiento heredado de sus mayores. Para la siembra, las familias Siona seleccionan los terrenos más fértiles dentro de su territorio, los preparan mediante tala y quema controlada, y cercan los cultivos para protegerlos de los animales silvestres.
El Pueblo Siona ha forjado un modo de vida en profunda armonía con los seres de la tierra – airu, que incluyen a los animales, las plantas, el aire, el agua, el viento y los guardianes de los lugares sagrados. Este vínculo espiritual y ecológico sustenta un sistema ancestral propio de ordenamiento y manejo del territorio, orientado a garantizar el equilibrio natural y el bienestar colectivo de su Pueblo.
Conocimientos ancestrales y prácticas agroecológicas
En el marco de esta iniciativa, se aplicó una encuesta a mujeres indígenas Siona con el propósito de conocer sus prácticas productivas y su relación con los saberes tradicionales. Los resultados evidencian una fuerte presencia de actividades avícolas y agrícolas sustentadas en conocimientos ancestrales, transmitidos de generación en generación.
“Para el Pueblo Siona, la crianza de aves es una de las grandes tradiciones ancestrales, practicada desde tiempos inmemoriales y liderada por las mujeres”, explica Yerson Vega, enlace de la iniciativa.

La encuesta reveló que todas las participantes crían gallinas camperas, en cantidades que oscilan entre 10 y 30 aves. Durante la noche, las aves se resguardan en pequeños galpones comunitarios o familiares, y su alimentación combina productos comerciales con recursos locales como maíz, chiro y restos orgánicos. Para la prevención de enfermedades, las mujeres emplean remedios naturales elaborados con plantas como limón, ajo, nacedera, escancel y verbena.
Más allá de su valor alimenticio, la crianza de aves tiene un profundo sentido espiritual y simbólico.
“Lo más importante de esta tradición es la transmisión de saberes guiados por nuestro Yai Bain (Gran Anciano), quien orienta la crianza para asegurar una buena producción, el sustento diario y el Buen Vivir de las nuevas generaciones Zio Bian o Siona”, señala Vega.
Dentro de su cosmovisión, la comunidad considera que la carne de gallina es especialmente beneficiosa para las mujeres en etapa posparto, y que el respeto por los ciclos lunares es fundamental para una crianza armoniosa y equilibrada.
“La crianza de las aves viene de nuestros mayores”, añade Vega. “Las mujeres Siona la manejan con conocimiento y respeto, utilizando una gran variedad de plantas comestibles y medicinales, sin recurrir a químicos, y siguiendo los ciclos cósmicos de la luna para que la producción sea óptima y sin contratiempos”.
Además, las mujeres Siona mantienen sus propias huertas o chagras, donde cultivan plátano, yuca, maíz, chiro y otras especies locales. Trabajan la tierra con abonos orgánicos —como estiércol, cáscaras y residuos vegetales— y controlan las plagas mediante bioinsecticidas naturales elaborados a base de ajo, ají y cebolla.
Cambio climático: cambios irreversibles para la crianza de aves
La degradación del suelo, la pérdida de biodiversidad y los efectos del cambio climático han generado profundas transformaciones —en muchos casos irreversibles— en las prácticas tradicionales de crianza de aves del Pueblo Siona.
“Se han perdido muchas de las plantas comestibles y medicinales que antes se utilizaban para alimentar y cuidar a las aves”, explica Yerson Vega, enlace de la iniciativa. “Estos cambios han traído consigo nuevas enfermedades que antes no existían, lo que ha reducido las producciones y nos ha obligado a incorporar nuevas técnicas y estrategias para adaptarnos a las condiciones actuales”.

Vega advierte que gran parte de estas transformaciones se deben a fumigaciones indiscriminadas en los territorios, así como la tala de bosques, la expansión de la ganadería extensiva y la presencia de cultivos transgénicos en las zonas aledañas al territorio ancestral Siona.
Estos factores externos no solo afectan la salud de los ecosistemas, sino que también amenazan la continuidad de los saberes ancestrales asociados a la crianza tradicional de aves, pilar cultural y fuente de sustento para las familias Siona.
Conocimientos ancestrales y agroecología en acción
Los conocimientos y saberes ancestrales del Pueblo Siona se entrelazan con los principios de la agroecología, dando origen a una práctica viva que equilibra tradición e innovación. Según Gladis Jacanamejoy, gobernadora y representante de la iniciativa, los Siona son guardianes de la naturaleza, y al combinar sus prácticas tradicionales con técnicas modernas, fortalecen la conservación de la biodiversidad y comparten su conocimiento con otras comunidades.
“Sabemos que somos responsables de mantener el equilibrio con la naturaleza. Por eso, las prácticas agroecológicas han sido una gran herramienta que complementa nuestras ideas, nuestro diario vivir y nuestro conocimiento ancestral, además de permitirnos conocer nuevos saberes que llegan desde afuera”, afirma Jacanamejoy.
Por su parte, Jaime Yocuro, tesorero de la iniciativa, destaca que esta articulación entre los conocimientos propios Siona y la agroecología ha significado un intercambio de saberes que ha fortalecido las capacidades locales y mejorado las producciones avícolas de la comunidad.

Asimismo, Yerson Vega resalta que las mujeres Siona son las principales impulsoras de este proceso, aplicando estrategias agroecológicas innovadoras, como la producción y transformación de plantas en alimentos naturales para las aves, lo que contribuye al cuidado del entorno y a la autosuficiencia alimentaria.
Mujeres Siona guardianas del conocimiento
Las mujeres Siona constituyen un pilar esencial en la vida comunitaria, y su papel se fortalece día a día como guardianas de la cultura, la memoria y la continuidad del Pueblo.
“Para nosotros, los Siona, las mujeres son vida; son quienes transmiten el conocimiento desde el vientre y educan a sus hijos para que la sabiduría ancestral no se pierda”, afirma Jaime Yocuro.
Además de preservar y transmitir el saber tradicional, las mujeres Siona han ampliado sus conocimientos más allá del territorio, participando en procesos de formación que fortalecen sus capacidades de liderazgo en espacios sociales, económicos y políticos. En cada uno de estos ámbitos, orientan sus acciones de acuerdo con los principios de la Ley de Origen Siona, que guía su pensamiento, su espiritualidad y su compromiso con la comunidad.
Plan de Implementación de prácticas agroecológicas
En el marco de esta iniciativa, se llevó a cabo el diseño participativo del “Plan de Implementación de Prácticas Agroecológicas”, un proceso que contó con la participación de 22 mujeres Siona. La actividad incluyó espacios de formación y diálogo en torno a los principios básicos de la agroecología y la avicultura sostenible, fortaleciendo así las capacidades locales para una producción más equilibrada y respetuosa con la naturaleza.
Asimismo, se promovió un diálogo de saberes entre los conocimientos técnicos contemporáneos y las experiencias ancestrales del Pueblo Siona en la crianza de aves, consolidando un aprendizaje colectivo basado en la complementariedad.
El Plan de Implementación contempla acciones orientadas al manejo integral de gallinas ponedoras, la elaboración de insumos agroecológicos para la alimentación animal, y el uso sostenible de praderas para la producción de forraje, entre otros componentes clave que fortalecen la seguridad alimentaria y la sostenibilidad del territorio.
Impacto de la iniciativa en la comunidad Siona
La iniciativa ha generado un impacto significativo en las familias Siona, fortaleciendo su bienestar familiar, económico y social, y promoviendo la cohesión comunitaria.

“Nos ha servido mucho para vivir mejor y también nos ha unido más como comunidad, porque se han creado espacios de diálogo, intercambio y aprendizaje de nuevas ideas para el bienestar colectivo”, señala Jaime Yocuro.
Las mujeres Siona expresan su compromiso de continuar fortaleciendo e implementando estas prácticas agroecológicas y saberes adquiridos, con el propósito de preservar sus tradiciones culturales y dejar un legado duradero a las futuras generaciones.
“Hoy en día es muy difícil adaptarse a los cambios que vivimos en nuestro entorno, pero nosotras, como mujeres y lideresas, buscamos el apoyo constante de proyectos como este para seguir fortaleciendo a nuestras comunidades”, afirma Gladis Jacanamejoy.
La comunidad Siona aspira también a que su mensaje trascienda fronteras: practicar, conservar y aprender nuevas técnicas de producción sostenible es esencial para asegurar un futuro digno y equilibrado para las próximas generaciones.
“Hacemos un llamado a las instituciones para que sigan apoyando nuestros esfuerzos, y así podamos cumplir la tarea que nuestro Taita Riusu (Dios) nos ha encomendado en nuestro Mai Yija (territorio): garantizar que la generación Siona perdure y florezca”, concluye Jacanamejoy.


