Mujeres Tsimanes y campesinas impulsan la seguridad alimentaria desde Flor de Patujú

21 de agosto de 2025

BOLIVIA, Jun 12 (FILAC) –   En el corazón del Beni, donde los ríos atraviesan el corazón verde del bosque, mujeres indígenas Tsimanes y campesinas lideran un proceso que transforma la tierra, los saberes y la vida comunitaria. Con prácticas agroecológicas, apuestan por cultivar hortalizas en un contexto donde la dieta tradicional gira en torno a la yuca, el plátano y productos de la caza y la pesca. Con estas iniciativas, diversifican la alimentación, generan ingresos y siembran autonomía, fortaleciendo la seguridad alimentaria y abriendo camino hacia un desarrollo sostenible y autonomía económica con rostro de mujer.

La iniciativa “Fortalecimiento de la seguridad alimentaria y la capacidad productiva de mujeres indígenas campesinas”, impulsada por la Asociación de Mujeres Rurales Borjanas “Flor de Patujú” en San Borja, Beni, ha empoderado a 20 mujeres indígenas en la gestión de huertos ecológicos y en la promoción de hábitos alimenticios saludables para sus familias.

 

Además del trabajo en producción, las mujeres han impulsado acciones de incidencia política a nivel municipal, lideradas por las gestoras de políticas públicas, para avanzar en la aprobación del reglamento de la Ley de Alimentación Complementaria Escolar.

A nivel productivo, la capacidad del Centro de Producción “Flor de Patujú” incrementó en un 50%, gracias a la adquisición de una amasadora industrial de panadería, representando un salto cualitativo en la transformación y comercialización de productos elaborados por mujeres.

Esta iniciativa forma parte del “Fondo Semillas de Reciprocidad”, y es impulsada por el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe – FILAC, el Programa Emblemático Mujeres Indígenas de América Latina y el Caribe – MILAC, las redes regionales de mujeres indígenas de Abya Yala, y cuenta con el apoyo fundamental del Fondo Pawanka y de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo – AECID.

Tsimanes y su territorio

Los t’simanes, también conocidos como tsimanes o chimanes, son un pueblo originario de las tierras bajas de Bolivia que habita en los municipios de San Borja, San Ignacio de Moxos, Rurrenabaque y Santa Ana de Yacuma del departamento de Beni,​ la mayoría en el territorio del consejo T’simane y varias comunidades en el territorio T’simane Mosetén Pilón Lajas, en el pie de monte de la Amazonia.

Según datos del Censo Nacional de Población y Vivienda 2012, que consideró la variable de autoidentificación étnica, el pueblo T’simane tiene una población de 16.958 personas. El censo comunal 2020, que realiza cada año el Gran Consejo T’simane (GCT), señala que cuenta con un total de 7.500 habitantes, distribuidos en 85 comunidades, entre pequeñas y grandes, compuestas por entre 7 a 120 familias.

Las personas de la comunidad viven de la pesca, caza, recolección, aprovechamiento de recursos forestales no maderables como la jatata, tienen trabajos agrícolas para su subsistencia, con plantaciones de yuca, plátano, papaya y maíz.

Flor de Patujú: Mujeres que cultivan autonomía y transforman el territorio

La Asociación Económica Productiva de Mujeres Rurales Borjanas Flor de Patujú, liderada por mujeres como Janeth Conde Salazar —fundadora y actual responsable del proyecto—, impulsa el empoderamiento social, económico y cultural de la mujer rural borjana. A través de la defensa de sus derechos y el fortalecimiento de sus capacidades productivas con enfoque agroecológico. Esta organización se ha convertido en un pilar de transformación territorial y cuidado del medio ambiente.

“Nos conocen por hacer nuestras masitas, los panes, pero hacemos mucho más”, afirma Janeth. En efecto, Flor de Patujú no solo produce alimentos transformados como mermeladas, pasta de cacao, cítricos, sino que impulsa un tejido de mujeres productoras que apuestan por la soberanía alimentaria, la diversificación productiva y la autonomía económica”.

Según Conde, las mujeres son autosuficientes. “No siempre es como dicen, eso de que los hombres son la cabeza de la familia. Aquí, en las comunidades, muchas veces las mujeres somos las cabezas de la familia. Y eso nos ha dado fuerza, valentía y coraje para seguir adelante”.

El segundo aspecto importante, como consecuencia, es el empoderamiento económico. “Nosotras podemos sentirnos útiles”, asevera Janneth. Añadió que también sienten que generan sus propias ganancias, cuando producen. “Y eso también se refleja en nuestras hijas. Ellas nos ayudan, por ejemplo, a hacer las masitas, y así aprenden un oficio. O cuando elaboramos mermeladas con frutos de temporada, o hacemos pasta de cacao o miel, nuestras hijas ven que sus madres pueden solventarse por sí mismas”.

La revolución de las semillas

Esta iniciativa se centra en promover el cultivo y el consumo de hortalizas, algo inusual en las comunidades de la zona donde la dieta tradicional gira en torno a la yuca, el plátano, la carne y los productos silvestres de caza y pesca. “Las verduras aquí no son parte del hábito alimenticio, cuesta mucho que lleguen las verduras desde la ciudad de La Paz”, explica Janeth.

Con apoyo técnico, la asociación ha adquirido cinco tipos de semillas: cebolla, tomate, pimentón, repollo y acelga, las cuales se han repartido entre a las comunidades socias. “Cuando hemos ido a las comunidades, todas querían semilla, entonces hemos tenido que hacer convenio con el corregidor de la comunidad. También, logramos dar, a toda la comunidad, un taller sobre siembra de las hortalizas, mejoramiento y nutrición del suelo”.

Las mujeres han aprendido a preparar almácigos, realizar trasplantes, compostaje orgánico, reconocer qué variedades de plantas resisten mejor el exceso de agua, y cómo mejorar la nutrición del suelo. “El año pasado fue el fuego, este año el agua lo que nos afectó. Pero ahora sabemos cómo adaptarnos, sabemos qué plantar y dónde, incluso cuáles árboles se mueren con el agua y cuáles sobreviven”, añade.

Saberes que se entretejen: tecnología y ancestralidad

Uno de los grandes aprendizajes, en el marco de la iniciativa, ha sido el intercambio entre conocimientos técnicos modernos y la sabiduría ancestral indígena. “Nosotras aportamos con las hortalizas, pero aprendimos mucho también de ellas. Por ejemplo, sobre árboles como la kina kina que resiste inundaciones. Ha sido un diálogo entre saberes, un aprendizaje mutuo”, remarca Janeth.

“Como mujeres, somos guardianas de la naturaleza. Conocemos las semillas y tenemos la capacidad de hacerlas germinar. Pero si no contamos con ciertos conocimientos un poco más técnicos, eso se vuelve más difícil. Ahora, gracias al apoyo de los ingenieros, hemos aprendido qué tipos de plantas se adaptan mejor a nuestro entorno. Por ejemplo, el cacao híbrido no soporta la lluvia intensa y se muere con demasiada agua. En cambio, nuestro cacao nativo amazónico, del Beni, está volviendo a florecer y crecer”, asevera Janeth.

Añade que ese conocimiento les ha ayudado mucho. “También aprendimos sobre las hortalizas: qué variedades sembrar, cada cuánto tiempo y cómo hacerlo. Por ejemplo, el tomate debe sembrarse dejando 30 centímetros de distancia entre planta y planta. Incluso el manejo de las semillitas nos lo han enseñado.”

Centro de producción: Pan, cacao y artesanías

Flor de Patujú cuenta con un centro productivo equipado con un horno industrial y amasadora, donde se elaboran masitas, alfajores, queques y pan en turnos rotativos. Cada semana, un grupo de ocho mujeres trabaja coordinadamente. Pero la producción no se detiene ahí: también elaboran mermeladas, pasta de cacao, artesanías con jipijapa (fibra extraída de las hojas de una palmera), utilizada tradicionalmente para tejer sombreros, petacas y otros objetos artesanales.

La adquisición de la amasadora industrial marcó un antes y un después. “Ha mejorado nuestro trabajo, nos ha facilitado mucho. Era un sueño para nosotras tener nuestras propias herramientas, ahora producimos más, mejor y en menos tiempo”, menciona con Janeth.

Janeth recuerda con alegría el día en que llegó la amasadora al centro. Inmediatamente, se pusieron a trabajar junto a sus compañeras Aida y Zoraida. Esta última trajo a su hijita de 13 años, quien demostró una habilidad increíble para hacer las masitas, y lo hacía con gran felicidad. Esa imagen se le quedó grabada: por un lado, estaban enseñando a una nueva generación a ser económicamente independiente, y por otro, compartían un momento de unión y felicidad entre mujeres. Para Janeth, ese instante fue símbolo del progreso de la asociación, del aprendizaje colectivo y del poder transformador de trabajar juntas.

Según Janeth, “gracias a este tipo de máquinas, ahora tenemos la capacidad de producir en mayor cantidad. Si nos hacen un pedido con una cantidad determinada, sabemos que podemos cumplirlo. Eso nos da fortaleza y también nos permite proyectarnos hacia nuevos mercados”.

Añadió que, “también las mujeres artesanas trabajamos con el jipijapa, una fibra vegetal con la que elaboramos sombreros y abanicos. Somos mujeres campesinas e indígenas de diferentes etnias. En ese sentido, también somos mujeres productoras.”

Impulsan reglamento para fortalecer la alimentación escolar

Con el objetivo de mejorar la seguridad alimentaria escolar en San Borja, la Asociación Flor de Patujú lidera acciones para la aprobación del reglamento municipal de la Ley de Alimentación Complementaria Escolar ACE-622, que permitirá a organizaciones locales proveer alimentos nutritivos para el desayuno escolar.

En alianza con 20 gestoras comunitarias de políticas públicas, la Asociación ha sostenido reuniones con el alcalde, el Consejo Municipal y autoridades del Ejecutivo para presentar su oferta de productos elaborados con insumos locales, como panes y masitas.

“Para ser parte de estos contratos debemos hacer incidencia, organizarnos y conocer las leyes. Tal vez no compitamos con grandes empresas, pero sí podemos exigir que se priorice a las productoras locales”, expresó Janeth.

Esta iniciativa no solo promueve la producción local, sino también el empoderamiento de las mujeres rurales como actoras clave en las políticas públicas del municipio.

 

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