VENEZUELA, Oct 27 (FILAC) – En el municipio de Tucupita, en el estado Delta Amacuro de la República Bolivariana de Venezuela, un grupo de mujeres indígenas Warao tomó una decisión que marcó un antes y un después: no rendirse. Con la misma fuerza con la que tejen cestos de palma de moriche y elaboran chinchorros, hamacas hechas a mano, alzaron su voz para afirmar con dignidad y convicción.
“No vamos a caer en condiciones de mendicidad. Tenemos un conocimiento, una práctica ancestral con la que podemos salir adelante: la elaboración y comercialización de nuestra artesanía”.
Así nació la iniciativa “Fortalecimiento de la identidad de las mujeres y niñas Warao a través de la práctica artesanal y los conocimientos tradicionales de la biodiversidad”, creada para enfrentar el progresivo debilitamiento cultural que pone en riesgo la transmisión de saberes ancestrales vinculados al uso sostenible de la biodiversidad.

Este esfuerzo también busca contrarrestar los efectos negativos de las prácticas extractivas en la vida e identidad de las mujeres Warao, partiendo del firme convencimiento de que la conciencia, la organización y el conocimiento son herramientas de resistencia, permanencia y resiliencia.
En este proceso, mujeres, adolescentes y niñas Warao ejercen su derecho a la participación, fortalecen su rol como sujetas de derecho y trabajan colectivamente en la construcción de un protocolo para la conservación de la biodiversidad, reconociéndola como la base de sus medios de vida y de su continuidad cultural.
La iniciativa que fue implementada por la organización Fundación Red de Estudios de la Diversidad del Sur – REDSUR, forma parte del “Fondo Semillas de Reciprocidad”, y es impulsada por el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe – FILAC, el Programa Emblemático Mujeres Indígenas de América Latina y el Caribe – MILAC, y cuenta con el apoyo fundamental del Fondo Pawanka y de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo – AECID.
Warao: gente de la canoa y guardianes de la artesanía
El pueblo indígena Warao, llamado también Guarauno y cuyo nombre significa “gente de la canoa” o “gente del agua”, habita en el oriente de Venezuela, especialmente en los cuatro municipios del estado Delta Amacuro: Tucupita, Antonio Díaz, Casacoima y Pedernales.
Según el portal Pueblos Indígenas en Venezuela, los Warao se organizan en pequeñas comunidades de entre 10 y 15 viviendas, guiadas por un anciano, jefe o cacique, quien coordina el trabajo colectivo y la administración de los recursos, garantizando así la vida comunitaria y la continuidad de su cultura.
La pesca, a la que denominan yaba, es su principal actividad y se encuentra profundamente ligada a su identidad y entorno; por ello, los Warao se reconocen a sí mismos como “yabamos” o pescadores por naturaleza. Junto a esta práctica, la artesanía tradicional constituye otra fuente esencial de sustento. Las mujeres recolectan hojas de camalote, tirite, palma de moriche y temiche para extraer fibras que transforman en hilos, con los que elaboran chinchorros, cestas, carteras, adornos y otras piezas.
A través de este trabajo, las mujeres Warao resguardan un valioso patrimonio de saberes artesanales y lo transmiten a niñas y jóvenes, asegurando la pervivencia de su identidad, su territorio cultural y sus tradiciones.
El reto de trabajar con mujeres vulneradas
Las mujeres Warao han sido vulneradas en diferentes formas. “Son vulneradas por ser indígenas, luego por ser mujeres, por ser Warao y por ser consideradas pobres. Aquí se presenta la interseccionalidad de la discriminación, de la vulneración de los derechos de las mujeres Warao en diferentes niveles”, reconoce Luz Fernández, coordinadora ejecutiva de esta iniciativa.
Además, Fernández señala que estas mujeres han sido afectadas por las instituciones que han intervenido en sus territorios, tanto públicas como privadas, ya que el tipo de apoyo y las intervenciones que han recibido han sido asistencialistas.

Sin embargo, la coordinadora de esta iniciativa menciona que ha sido positivo trabajar y dialogar con ellas, compartiendo experiencias sobre cómo se ha avanzado en la producción artesanal. “Esto ha ayudado a generar sensibilidad y, sobre todo, a que ellas puedan valorar lo que representan como cultura y como mujeres portadoras de conocimientos”.
“Fue importante hacerles saber que su trabajo y sus conocimientos tienen valor, que se sientan valorizadas y orgullosas de lo que son. De alguna forma, eso ha sido una una de las metodologías que hemos utilizado con ellas durante los talleres”, explica Fernández.
Mujeres capaces de coordinar sus propias iniciativas
Fernández menciona que también se ha organizado una exposición de artesanías, impulsadas por ellas mismas, para que no tengan que depender de las instituciones del Estado, ni de ninguna otra institución o personas externas.
De esta forma, se las capacitó para que, por sí mismas, puedan organizar una exposición, coordinar todo lo relacionado con el montaje, diseñar sus catálogos y estructuras, establecer el precio de sus productos, aprender a competir en el mercado sin perjudicar a otras compañeras, y mejorar sus productos para hacerlos más atractivos, entre otras cosas.

“Esta iniciativa busca que las mujeres Warao puedan ser capaces de ejecutar y coordinar sus propias iniciativas, aportando insumos a la administración pública y al gobierno sobre cómo puede funcionar una política construida desde abajo, basada en su visión, su realidad y sus necesidades, en lugar de una política asistencialista impuesta desde arriba, que muchas veces no responde a las verdaderas necesidades de estas mujeres”, explica Fernández.
Además, Silvia Viloria, coordinadora de medios de vida, comentó que la estrategia principal del proyecto fue capacitar a las mujeres en el uso de tecnología, especialmente teléfonos inteligentes, y en marketing digital. “El objetivo es que puedan comercializar de forma directa sus artesanías desde sus comunidades. A través de talleres, ellas aprenden a crear y manejar sus cuentas en Instagram y Facebook, permitiéndoles hacer ventas directas. Además, en Venezuela cuentan con un canal de envío accesible que facilita la distribución de sus productos a precios módicos”.
La Fundación Red Sur diseñó el programa “Medios de vida de las mujeres indígenas”, con el objetivo de apoyar a las mujeres para que puedan comercializar su producción artesanal en condiciones justas, convirtiéndola en una fuente de trabajo digna para ellas. Sin embargo, solicitan al Estado generar políticas públicas para que accedan a bonos, seguro social, acceso a servicios de salud, entre otros beneficios.
El valor de tejer frente a la violencia
El corazón de la artesanía Warao late en el moriche, una palma que ofrece la naturaleza y que tiene un sinfín de usos: “Se utiliza para preparar alimentos y medicina. También sirve para dar sabor a algunos platillos y para construir techos de viviendas y artesanías”, explica Fernández.
También está la bora, una planta acuática cuya incorporación al arte textil nació de una historia de dolor y resiliencia. Una anciana cuenta cómo, huyendo de su esposo que la golpeaba, se escondió en la selva entre la bora. Allí deshilacho la planta y descubrió que de esa planta podía extraerse una fibra resistente, con la que empezó a tejer.
“Esa historia la grabamos con su permiso”, cuenta Luz. “Es un testimonio de cómo el tema de la violencia hacia las mujeres está presente en las comunidades, y de cómo ellas han podido sobreponerse a estas situaciones. Esta oportunidad de poder desarrollar su actividad artesanal representa una oportunidad de lograr su libertad y autonomía económica y también su autonomía física, porque a medida que logren obtener esa autonomía económica, pueden también tomar decisiones a nivel familiar”.
Las mujeres Warao crean chinchorros (hamacas), que se valoran entre 50 y 200 dólares, además de carteras, bolsos, cestas y accesorios como pulseras y collares hechos con semillas. “Hay piezas pequeñas que pueden costar desde un dólar hasta 10 dólares; el precio varía según la cantidad de materia prima utilizada y el proceso que implica”, mencionó Luz.
Fortaleciendo la identidad y los medios de vida de las mujeres Warao
Esta iniciativa ha beneficiado a 40 mujeres y jóvenes Warao, destacando a través de talleres la importancia de preservar su identidad cultural y de transmitir los valores tradicionales a las nuevas generaciones. Se han reconocido sus múltiples roles como mujeres sabias, portadoras de conocimientos y prácticas ancestrales que les permiten ejercer autonomía económica mediante el uso sostenible de los recursos naturales, creando artesanías de belleza única y de gran valor comercial.
Como resultado de estos talleres, se elaboró el Protocolo Biocultural para la conservación de la biodiversidad asociada al moriche, el cual es fundamental para los medios de vida de las mujeres Warao en el Estado Delta Amacuro, Venezuela. Este protocolo establece condiciones para el uso sostenible de los recursos naturales, fortaleciendo la autonomía, la autogestión y la protección de los elementos culturales distintivos de las mujeres Warao.
En el marco de esta iniciativa también se llevó a cabo la III Edición Expo Arte Indígena, donde las artesanas mostraron sus conocimientos y prácticas ancestrales, promoviendo la transmisión intergeneracional de saberes y estrategias para la conservación de la biodiversidad de su territorio.
Con esta iniciativa, las mujeres y jóvenes Warao reafirman su papel como guardianas del conocimiento ancestral y de la biodiversidad. Al fortalecer sus capacidades, fomentar la transmisión intergeneracional de saberes y consolidar su autonomía económica, están avanzando hacia un futuro sostenible que preserva su identidad cultural y contribuye al bienestar de los Pueblos Indígenas.


