Mujeres y juventudes transforman frutos silvestres en oportunidades para fortalecer su economía y frenar la deforestación del Bosque Chiquitano

24 de junio de 2026

BOLIVIA, Jun 24 2026 (FILAC) Entre árboles de almendra chiquitana, mangaba, sisini, paquiós y acerolas, mujeres y juventudes indígenas chiquitanos de la comunidad San Juancito comenzaron a recolectar y procesar los frutos silvestres del bosque como una alternativa para obtener ingresos y proteger el territorio contra la deforestación de los bosques, que se extiende en la Chiquitania boliviana.

San Juancito se encuentra ubicado a unos 20 kilómetros del municipio de San Ignacio de Velasco, en el departamento de Santa Cruz. Su población indígena chiquitana impulsa un modelo de desarrollo basada en la riqueza natural de sus bosques, a través de la recolección y procesamiento de frutos silvestres.

 

Esta iniciativa denominada “Transformando sueños mediante el procesamiento y transformación de frutos silvestres amazónicos para integrarlos en los procesos económicos de las familias chiquitanas, previniendo la deforestación del bosque en San Juancito”, es impulsada por los miembros de esta población como una estrategia para fortalecer el aprovechamiento sostenible de los recursos del bosque.

La propuesta forma parte de la subvención “Gestora de fondos para la autogestión de iniciativas territoriales en gobernanza forestal lideradas por mujeres y jóvenes en la Amazonía”, implementada por el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe – FILAC en el marco del Programa Amazonía+ financiado por la Unión Europea.

El Programa Amazonía+ es implementado por la Agenzia Italiana per la Cooperazione allo Sviluppo – AICS, la Fundación para la Internacionalización de las Administraciones Públicas – FIAP y Expertise France – EF, con el apoyo del Joint Research Centre – JRC.

El bosque como base de la economía local

En San Juancito, la agricultura de pequeña escala y la ganadería contribuyen al sustento económico familiar, con cultivos como maíz, frejol, yuca y café. No obstante, la riqueza de los frutos silvestres aún no se ha adoptado completamente a la economía comunitaria, pese a su alto potencial alimentario, nutricional y comercial.

La iniciativa surgió con el propósito de revertir esta situación, impulsando la transformación de dichos frutos silvestres con valor agregado como pulpas, mermeladas, jugos y artesanías, con el objetivo de generar ingresos y fortalecer la seguridad alimentaria de las familias.

“Esta iniciativa nos permitirá construir cadenas de valor basadas en los recursos silvestres del Bosque Chiquitano, generando en el futuro fuentes de empleo e ingresos económicos que ayuden a mejorar la calidad de vida y la seguridad alimentaria de las familias beneficiarias”, señala Mariano Viana Pérez, responsable de la iniciativa.

No obstante, desde el punto de vista de la economía local, la participación de los frutos silvestres es limitada debido al escaso proceso de transformación.  “En consecuencia, es poco común encontrar estos productos fuera de su temporada, o degustar algún refresco, ya sea en mercados locales, restaurantes o supermercados”, añade el responsable.

En este escenario, agrega el responsable, que aún existe un amplio camino por recorrer para visibilizar, valorar e integrar los frutos silvestres en los procesos económicos de las familias indígenas, fortaleciendo así alternativas productivas sostenibles basadas en el aprovechamiento del bosque.

Capacitación y fortalecimiento comunitario

La propuesta incluye también capacitaciones sobre liderazgo, marketing, bisutería con semillas, manipulación y procesamiento de frutos silvestres para la elaboración de pulpas, jugos, mermeladas y otros artículos derivados del bosque. Esas iniciativas buscan fortalecer las habilidades de mujeres y jóvenes indígenas para consolidar pequeños emprendimientos comunitarios y crear nuevas oportunidades económicas sostenibles.

En paralelo, hombres, mujeres y jóvenes trabajan, en mingas comunitarias, realizando la limpieza del terreno para la construcción del centro de acopio y procesamiento, mientras otros grupos identifican especies frutales, forestales y medicinales y también desarrollan acciones de reforestación y manejo sostenible del bosque.

Los chiquitanos han encontrado dos cadenas de valor principales —almendra chiquitana y acerola— donde recolectores, transformadores y emprendedores fortalecen la economía local y mantienen su identidad cultural como guardianes del bosque.

Bosque, conservación y restauración

Además del componente productivo, se impulsan acciones de restauración y protección del bosque integrando los saberes ancestrales. El proyecto incluye la elaboración participativa de un plan de manejo y reforestación de cinco hectáreas mediante mingas, incorporando especies frutales, forestales y medicinales como almendra chiquitana, mangaba, acerola, chirimoya, moringa y plátano.

Este plan será validado en asamblea y contará con un mecanismo de seguimiento comunitario que garantice su sostenibilidad en el tiempo.

Durante la implementación de la iniciativa, se ha logrado identificar al menos unas 18 variedades de frutos silvestres, entre ellos: almendra chiquitana, achahcairu, guapuru,  acerola,  mangaba, chirimoya, manga, cayu,  papaya,  motoyoe,   piton,  guapomo,  guayaba,  café, suka, ciruelo, tamarindo y sinini.   “Todos estos frutos se encuentran en San Juancito y tienen un alto valor y potencial para su aprovechamiento sostenible”, señala Pérez

Asimismo, se ha determinado su época de producción, tiempo de cosecha y posibles usos, que abarcan pulpas, mermeladas, licores, harinas, almendras tostadas y confitadas. Algunas semillas también son utilizadas en bisutería para la elaboración de collares, aretes, pulseras y adornos. Los datos sobre los volúmenes de producción aún están en proceso de sistematización y se completarán en época de cosecha.

Los miembros del Pueblo Indígena enfatizan que los frutos silvestres presentan mayor resistencia a sequías, plagas y variaciones extremas de temperatura en comparación con muchos cultivos tradicionales. De esta manera, consideran estos recursos como una alternativa sostenible frente a prácticas que generan desmontes e incendios forestales.

Producción de plantines y restauración del bosque

Esta iniciativa también impulsó la producción de 3.500 plantines, de los cuales 3.000 estarán destinados al proyecto y 500 constituyen contraparte de San Juancito. Estos incluyen especies como almendra chiquitana, achachairú, acerola, moringa, mangaba y chirimoya.

Los plantines fueron sembrados en parcelas utilizando un sistema agroforestal que combina especies forestales nativas de la región, como ser el cuchi, tajibo, roble, morao, además de frutales como ser papaya, cítricos, plátanos guayaba, cayu; medicinales, moringas, vira vira y anuales como el maíz, yuca, joco, camote, cará.

Defender el territorio desde la economía comunitaria

En San Juancito, el bosque no solo representa biodiversidad, sino también memoria, cultura y sustento cotidiano. Por ello, la iniciativa busca fortalecer la economía comunitaria sin destruir el territorio.

La meta es que el futuro centro de procesamiento permita generar empleo local, mejorar los ingresos familiares y consolidar una Asociación de Jóvenes y Mujeres Indígenas vinculados al aprovechamiento responsable de los recursos forestales, el cual será designado por los miembros de la asociación y serán reconocidos por las autoridades de San Juancito.

En medio de las amenazas que enfrenta el Bosque Chiquitano, San Juancito apuesta por una idea clara: conservar el bosque también es una forma de vivir y de construir futuro.

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