“Me llamo Julio y soy adicto”. Así comienza esta historia de cinco jóvenes indígenas que habitan en el Istmo de Tehuantepec, en el estado sureño de Oaxaca. Tres de ellos cuentan cómo el “crico o la piedra” -como llaman “al cristal”- se ha convertido en una droga altamente adictiva y su distribución parece no tener fin, porque se ha expandido hasta en las comunidades más remotas como si fuera una espuma imparable.
Fuente: Chiapas en Paralelo/Más Información Aquí