CALDONO, Colombia (AP) — Cuando el hijo de 13 años de Patricia Elago Zetty desapareció en el suroeste de Colombia, una región afectada por el conflicto, ella no dudó. Junto con cinco compañeros de la Guardia Indígena, atravesó terrenos montañosos para confrontar a los guerrilleros que, según sus sospechas, se habían llevado a su hijo y a otro adolescente para reforzar sus filas.
Cuando los miembros de la Guardia, que iban desarmados, llegaron al campamento de los guerrilleros, unos 30 combatientes los detuvieron a punta de pistola. Después de una tensa espera, un comandante de elevada estatura salió de una puerta, y Elago dijo que había venido por su hijo. El comandante dijo que “verificaría” si el niño estaba allí.