Chihuahua- El ruido fue la primera herida. Cuando llegaron a la ciudad, los niños y niñas se quejaban de un dolor punzante en los oídos; el estruendo urbano les resultaba físico. Después de un año y medio de exilio forzado, el cuerpo terminó por acostumbrarse al tránsito, al cemento y a la asfixia de los espacios reducidos. Sin embargo, hay algo que el asfalto no ha podido sustituir: el territorio como el único lugar donde sabían vivir.
La historia de esta familia –cuatro personas adultas y doce menores del pueblo ódami–, es una huida desesperada. Salieron de la comunidad de Dolores en el municipio de Guadalupe y Calvo, a plena luz del día, cargando únicamente la ropa que llevaban puesta. La decisión estuvo atravesada por el miedo, en la comunidad había muchos jóvenes y temían que fueran reclutados por grupos armados, cuenta en ódami el grupo de mujeres desplazadas.
Fuente: La verdad Juarez/Más Información Aquí