NUEVA LOJA, Ecuador (AP) — De pie, junto a un arroyo teñido de oscuro por el petróleo en el norte de la Amazonía ecuatoriana, una mujer indígena sacudía la cabeza, incrédula, mientras observaba la capa aceitosa que se deslizaba sobre el agua y las tuberías rotas que atravesaban el bosque. Cerca de allí, varias antorchas de gas ardían por encima de las copas de los árboles.
Julia Catalina Chumbi, de 76 años y lideresa del pueblo shuar en la provincia de Pastaza, en el sur de Amazonía, había viajado cientos de kilómetros para ver los daños por sí misma: el legado de décadas de producción de petróleo y gas en la provincia nororiental de Sucumbíos.
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