Lo primero que notas no es un eslogan en la pared. Es el ritmo constante y vivido de un lugar que enseña con la tierra. Una chacra, un huerto biodiverso, está en el centro de la promesa de la escuela, y cambia incluso cómo suena la “educación ambiental”. Hojas frotadas entre los dedos. El olor de la comida hecha con lo que da el huerto esa semana. Niños aprendiendo con sus familias, no solo en filas.
Esa es la microescena en la que insiste Yachay Wasi: la lección comienza en la tierra, luego pasa al lenguaje, después a la historia. Y de ahí camina directo hacia la política.
Fuente: Latín América Post/Más Información Aquí