ECUADOR, Nov 06 (FILAC) – “Mi madre, María Dolores, siempre cuidó de nosotras desde su experiencia, protegiendo nuestra alimentación. Durante el posparto no se puede consumir cualquier comida: la dieta debe ser completa, equilibrada, nutritiva y elaborada con cariño y amor”, afirma Cristina Morán, madre de tres hijos y promotora nutricional en la comunidad kichwa de Santa Bárbara, en Cotacachi, Ecuador.
Sus palabras dan apertura a una iniciativa innovadora que coloca en el centro los saberes y sabores ancestrales relacionados con la alimentación y la medicina tradicional en este periodo. Se trata del “Manual agroculinario andino para cuidados posparto desde la medicina ancestral y saberes agroculinarios familiares y comunitarios”.

Redactado en kichwa y castellano, este manual no solo rescata semillas nativas, recetas tradicionales y prácticas heredadas, sino que también promueve una mejor nutrición, revitaliza los conocimientos orales de las abuelas, fortalece la soberanía y autonomía alimentaria y reivindica los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres kichwas, en profunda armonía con la tierra y los ciclos de la vida.
Su traducción al kichwa asegura la preservación de la identidad cultural y fomenta la integración de conocimientos tradicionales en la vida cotidiana, reforzando el vínculo con la agroecología y el uso de recursos propios de la comunidad.
Esta iniciativa fue implementada por la organización ancestral “Di Anaku”, en el marco del Fondo Semillas de Reciprocidad, con el apoyo del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe – FILAC, el Programa Emblemático Mujeres Indígenas de América Latina y el Caribe – MILAC, las redes regionales de mujeres indígenas de Abya Yala, el Fondo Pawanka y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo – AECID.
Alimentación postparto frente a la modernidad
En el contexto actual, la alimentación durante el posparto ha sido desplazada por productos procesados de bajo valor nutricional, reemplazando a los alimentos cultivados en los territorios y utilizados ancestralmente para favorecer la recuperación de la madre y el desarrollo del bebé.
De acuerdo con un proyecto dirigido por la Universidad de Otavalo, en Ecuador, fenómeno que también se replica en otros países, los hábitos alimentarios de la población, y en especial de las mujeres gestantes, han cambiado drásticamente. Cada vez consumen menos los alimentos nutritivos preparados tradicionalmente por abuelas y abuelos.
“El consumo de comida rápida o fast food, caracterizada por altos contenidos de grasas saturadas, carbohidratos, edulcorantes y bebidas azucaradas, se ha vuelto una preferencia para las mujeres embarazadas con el fin de satisfacer antojos y necesidades inmediatas. Sin embargo, este tipo de alimentación no resulta adecuada ni para la salud del bebé ni para la madre durante la gestación”, advierte el estudio.
Estos cambios han contribuido al incremento de uno de los desafíos más profundos que enfrentan las comunidades: la desnutrición materno-infantil y la progresiva pérdida de prácticas alimentarias tradicionales, especialmente críticas en el periodo posparto.
Una iniciativa para colectivizar el cuidado del posparto
Cristina Morán, colaboradora del proyecto, y María José Benítez Hidalgo, responsable técnica de la iniciativa, explican que esta propuesta surge con el propósito de colectivizar el cuidado del posparto y revalorizar los saberes que lo sustentan.
“La propuesta nació de encuentros y conversaciones profundas entre mujeres, donde compartimos nuestras experiencias sobre el cuidado recibido durante el posparto: las memorias e historias que nos acompañaron, las heridas, los cuidados y la alimentación que recibimos”, señala Benítez.
A partir de estos relatos, identificaron que la alimentación no solo responde a la necesidad de saciar el hambre, sino que es una expresión de memoria viva comunitaria; un acto de resistencia y reparación histórica que preserva la salud materno-infantil y fortalece la conexión con el territorio.

En estos espacios también tomó forma la idea de formalizar la iniciativa, otorgarle un nombre y convertirla en un objetivo común. Este proceso permitió postular al Fondo Semillas de Reciprocidad y consolidar una propuesta construida colectivamente, “como una plantita que hemos cultivado todas juntas”, destaca Benítez.
Saberes y sabores del posparto
Esta iniciativa vinculada con la alimentación en el posparto busca proteger y restaurar la salud integral de las mujeres después del embarazo y el nacimiento de sus bebés. Desde su experiencia personal, Cristina destaca el rol fundamental de las madres como portadoras de saberes, guías y cuidadoras. “Es la madre quien tiene la experiencia, la historia, la orientación y, sobre todo, el conocimiento sobre la alimentación, que cumple un papel clave en este proceso tan importante para una mujer”, afirma.
Por su parte, María José Benítez señala que son las madres y abuelas quienes acompañan y arropan este ciclo de la vida, transmitiendo recetas y cuidados tradicionales que fortalecen el cuerpo y sostienen la memoria ancestral.

Entre los alimentos más valorados por las mujeres kichwas de Cotacachi se encuentran la gallina de campo, el borrego, las patas de res, la zanahoria y el yoyu (cuy), ingredientes altamente nutritivos que revitalizan el organismo y simbolizan la memoria viva de la comunidad. Su consumo mantiene una herencia culinaria que ha perdurado durante generaciones.
“La sopita o cualquier preparación con carne de borrego, uno de los alimentos más saludables, es una tradición que se ha transmitido en mi familia de generación en generación. Yo la heredé de mi mamá y ahora la transmitiré a mis hijas”, asegura Cristina con convicción.
En el caso del caldo de gallina, la receta tradicional se ha preservado mediante la transmisión oral. No se utiliza cualquier gallina, sino aquellas que están comenzando su etapa de producción de huevos, consideradas idóneas para aprovechar sus propiedades nutritivas. Asimismo, el consumo de caldo de patas de res, muy caliente, es valorado por su capacidad para acompañar el cierre del ciclo de dar vida y apoyar la recuperación, promoviendo un inicio saludable de la nueva etapa materna.
Saberes compartidos y memoria ancestral agroculinaria
En esta iniciativa participaron diez familias de la comunidad kichwa de Santa Bárbara, cada una conformada por entre cuatro y cinco integrantes. También se contó con la participación activa de madres, abuelas, juventudes, parteras y personal de salud, quienes históricamente han sostenido los procesos de cuidado familiar durante el embarazo y el posparto.
Estas familias trabajan en sus chacras, crían animales y cultivan alimentos que forman parte de su cosmovisión andina, denominada pacha vivencia, la cual integra el cuidado de la Madre Tierra con el cuidado de la vida en todas sus expresiones.

Como parte del proceso, se desarrollaron talleres y espacios de encuentro para compartir recetas, saberes y prácticas de cuidado ancestral. Entre estas actividades destacó la Mesa Viva, una experiencia sensorial que permitió degustar sabores y saberes agroculinarios, visibilizar la diversidad de prácticas tradicionales de cuidado y fortalecer la participación comunitaria.
Cada sesión de la Mesa Viva iniciaba con la frase:
“Les invitamos a vivir una experiencia sensorial que honra los saberes agroculinarios de nuestras abuelas, madres y comunidades. Aquí, cada alimento cuenta una historia, cada aroma despierta una memoria, cada textura conecta el cuerpo con la tierra. Hoy, más que compartir una comida, celebramos la vida, la sabiduría ancestral y la medicina que nace de nuestras manos y raíces.”
La Mesa Viva se consolidó como un encuentro profundamente emotivo, en el que mujeres y familias compartieron sus conocimientos desde el corazón y la cocina. En este espacio colectivo, cada participante preparó con dedicación una receta que trajo a la mesa no solo ingredientes autóctonos y técnicas ancestrales, sino también las historias que los acompañan: relatos de abuelas, de partos, de siembras, de migraciones y de resistencias que continúan tejiendo la memoria viva de la comunidad.
Manual agroculinario incluye plantas y rituales de cuidado
Otro logro significativo fue la elaboración del manual agroculinario, que reúne información sobre plantas medicinales, rituales de cuidado posparto y recomendaciones relacionadas con el descanso y la alimentación. Este instrumento fortalece la soberanía alimentaria y corporal y representa una devolución simbólica de los conocimientos y saberes de la comunidad.
“Nuestros pueblos siempre se han sostenido palabra a palabra, de voz a voz, mediante la oralidad como una forma de ciencia. Por eso, poder escribir estos conocimientos es fundamental para trascender en el tiempo y el espacio, y para que estas recetas se conviertan en un medio de cuidado y preservación de toda esta memoria”, señala Benítez.
Las recetas recopiladas evidencian la revitalización de la memoria agroculinaria, como en el caso del camote y la zanahoria blanca, rescatando prácticas tradicionales de cuidado. Esta memoria viva no solo refuerza la soberanía alimentaria, sino que también promueve la autonomía dentro de la comunidad.

El manual integra saberes ancestrales y garantiza que las prácticas agroculinarias familiares —así como el uso de plantas medicinales y la concepción del alimento como medicina— sean culturalmente pertinentes y efectivas para el cuidado posparto y el bienestar integral de las familias.
Cuidado ancestral y rituales posparto
María José Benítez destaca los relatos de las parteras y familias de Santa Bárbara sobre los cuidados posparto, que incluyen baños con plantas medicinales, sahumerios, infusiones y el respeto a la cosmovisión de lo frío y lo caliente, fundamentales para recuperar el equilibrio del cuerpo.
“Nos comparten cómo se realizaban los sahumerios, qué plantas se utilizaban —como el laurel y el romero— para limpiar las energías luego del parto, así como las infusiones recomendadas después del baño”, señala Benítez.
Durante estos espacios también se compartieron saberes sobre cómo envolver al bebé, el tiempo de descanso que requiere la madre y consejos prácticos para el cuidado del cuerpo y el espíritu, reconociendo la importancia de un acompañamiento integral en esta etapa.
Además, se enfatizó la necesidad de involucrar activamente a los hombres en las dinámicas de cuidado familiar, para asegurar la continuidad de estos conocimientos y su transmisión a las futuras generaciones, fortaleciendo así el tejido comunitario.
Transmisión intergeneracional de saberes y cuidados
En el marco de esta iniciativa, madres, hijas, niños y abuelas de entre 3 y 61 años compartieron saberes y experiencias, reforzando los lazos comunitarios y promoviendo la transmisión de conocimientos vinculados a la maternidad, la alimentación, y los cuidados durante el embarazo, parto, posparto y la gestión de la chakra familiar-comunitaria.
A través del arte y la observación, niñas y niños no solo acompañaron a sus madres y abuelas, sino que también interiorizaron prácticas tradicionales de cuidado, fortaleciendo su sentido de identidad y pertenencia al territorio.

Este aprendizaje intergeneracional asegura la continuidad de los saberes ancestrales y promueve una crianza consciente y comunitaria, que reconoce la salud materna y la alimentación como ejes fundamentales para el cuidado integral de las familias.
Desafíos y aprendizajes
Se espera que el manual beneficie a más de 80 familias, apoyando la salud materno-infantil, la preservación de la lengua kichwa y la reivindicación de saberes y prácticas tradicionales. Asimismo, busca promover la colectivización del cuidado, la resistencia cultural y la conexión profunda entre el cuerpo, el territorio y la alimentación.
Al ser bilingüe (kichwa–castellano), este manual se constituye en una herramienta educativa que facilita el intercambio de conocimientos y permite que las familias participantes compartan sus relatos y recetas con otras comunidades, fortaleciendo la transmisión de la memoria ancestral.
“Es un paso grande y valioso haber podido llegar a la comunidad y plasmar lo que ellos desean; mientras Dios nos dé vida, seguiremos complementando este trabajo”, concluye Cristina.
Además, destaca la importancia de aprender a elegir alimentos que nutran y den vida, entendiendo este acto como un gesto de amor hacia nosotras mismas, nuestras familias y las generaciones futuras.


