“Con el crecimiento de la agroindustria multinacional, los monocultivos y las adquisiciones de tierra”, los pueblos indígenas están siendo desplazados de sus territorios, advirtió la presidenta del FILAC, Myrna Cunningham
Los sistemas alimentarios indígenas —que podrían ayudar a la humanidad a afrontar el cambio climático— son amenazados por individuos y grandes corporaciones, en contubernio con algunos Estados, que pisotean su derecho a la seguridad alimentaria, denunció la presidenta del FILAC, Myrna Cunningham, en el seminario web “Acciones integrales para enfrentar la crisis climática y la defensa de la Vida”.
“La seguridad alimentaria y nutricional sostenible conlleva esfuerzos de conservación y salud ecológica para asegurar cosechas sostenibles y conservar la biodiversidad, tienen sus cimientos en prácticas ancestrales, que hoy se ven amenazados por las distintas intervenciones, tanto de individuos como de grandes corporaciones en contubernio con los Estados”.
En ese foro, realizado el jueves 7 de octubre por el gobierno de Bolivia, la presidenta del Fondo de Desarrollo para los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC), alertó de que los sistemas alimentarios originarios e indígenas, no pueden garantizarse si sus tierras y territorios no están garantizados.
“El acaparamiento histórico en nuestras tierras territorios y recursos ha llevado a muchas comunidades indígenas a perder el control sobre su seguridad alimentaria y sus dietas, viendo así niveles significativos de desnutrición y pobreza”
En su intervención, Cunningham destacó la resiliencia intrínseca de los sistemas alimentarios de los más de 5.000 pueblos indígenas que existen en el mundo. “A pesar de la sostenibilidad y resiliencia climática que enfrentan nuestros sistemas alimentarios, nuestro derecho a la soberanía a alimentaria ha sido pisoteado con demasiada frecuencia”, aseguró.
También hizo hincapié en que el sistema alimentario actual, basado en sistemas agrícolas industrializados, solo ha traído prosperidad para algunos y se ha logrado a un costo “devastador para los ecosistemas”.
El FILAC ha sostenido en los foros internacionales sobre la materia que para salvaguardar el planeta de la amenaza del cambio climático y lograr sistemas alimentarios más inclusivos, saludables, sostenibles y equitativos, los Estados deben reconocer que “los pueblos indígenas pueden ayudar a detener la guerra contra la naturaleza”.
“Mantener y salvaguardar el planeta es una tarea muy difícil y hacerlo planteando el respeto a los sistemas alimentarios indígenas, es aún más difícil”, dijo la presidenta del organismo internacional iberoamericano.
El 23 de septiembre de 2021, se celebró la Cumbre de Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios, que buscaba sensibilizar y establecer compromisos y medidas mundiales que transformen los sistemas alimentarios, con el objetivo de erradicar el hambre, reducir las enfermedades relacionadas con la alimentación y proteger el planeta.
En el evento global se estableció que el cambio climático dificulta la producción de alimentos como consecuencia de las condiciones meteorológicas extremas, y que los sistemas alimentarios son parte del problema ya el 29 % de las emisiones de gases de efecto invernadero proceden de la cadena de suministro de los alimentos.
El camino para romper este círculo vicioso propuesto por los pueblos indígenas es diversificar la dieta con alimentos nutritivos aportados por los sistemas alimentarios sostenibles, que preserven la biodiversidad.
“Las dietas basadas alimentos silvestres, que a menudo están disponibles localmente, son de bajo costo y bajos insumos, necesitan apoyo”, dijo Cunningham, quien advirtió que “con el crecimiento de la agroindustria multinacional, los monocultivos y las adquisiciones de tierra”, los pueblos indígenas están siendo desplazados de sus territorios.
Cunningham también alertó de los riesgos extremos para los 476 millones de indígenas que pueblan el planeta de implementar “prohibiciones indiscriminadas” a la recolección y comercio de especies silvestres, corriente que cobró fuerza por la pandemia de la COVID-19.
“Muchas comunidades indígenas dependen de los productos silvestres, la carne, el pescado y los insectos como su principal fuente de ingresos y única fuente de proteína grasa y micronutrientes, y (las prohibiciones) socavan la importancia cultural de estas prácticas de consumo”, dijo.
Los medios de comunicación y las autoridades que desarrollan estas políticas —añadió— deberían poner su atención en los riesgos zoonóticos de las prácticas agrícolas convencionales.
“Se ha estimado que solo el 3 % de las enfermedades infecciosas emergentes entre 1940 y 2004 son atribuibles al consumo de carne de animales silvestres, en comparación con el 17 % de la agricultura convencional y la industria alimentaria. Esperamos, por lo tanto, que los “Estados también tomen nota de este hecho”.


