PERÚ, Jun 26 (FILAC) En la Amazonía peruana, donde el bosque representa la memoria viva de los Pueblos Indígenas, un grupo de mujeres indígenas Asháninkas lideran una iniciativa inédita desde sus propios territorios. Con sus propias manos, su sabiduría ancestral y una profunda relación con la Madre Naturaleza, sanan los ecosistemas, recuperan prácticas productivas sostenibles y revalorizan los conocimientos transmitidos por los ancestros de generación en generación.
Las mujeres indígenas Asháninkas, reafirmando su papel como guardianas del territorio y de la vida, impulsan diversas acciones orientadas a la sanación de la Madre Naturaleza, entre las que destacan la recuperación de fuentes de agua, la implementación de criaderos de peces nativos, la recuperación de semillas y frutos nativos, así como la revalorización de los conocimientos ancestrales dirigidos al mejoramiento del Bosque de Saberes.

Estas acciones forman parte de la iniciativa denominada “Fortaleciendo la protección de los territorios ancestrales desde la visión de las mujeres indígenas amazónicas”, cuyo objetivo es impulsar un modelo comunitario integral que articule la recuperación ambiental, la producción sostenible y la revalorización de los saberes de las mujeres indígenas, con el fin de fortalecer la soberanía alimentaria y la economía local.
Liderada por la Organización de Mujeres Indígenas Amazónicas Asháninkas de la Selva Central – OMIAASEC, esta iniciativa fortalece el papel de las mujeres Asháninkas como guardianas del agua, el territorio y los conocimientos ancestrales. La organización, creada en 2017 en el Perú para representar y defender los derechos e intereses de las mujeres Asháninkas, impulsa acciones orientadas a la protección jurídica y la recuperación de los “ojos de agua”, promoviendo la gestión sostenible de los recursos naturales, la defensa del territorio y la preservación de los saberes ancestrales que sustentan la vida y el bienestar de sus comunidades.

La iniciativa forma parte de la subvención “Gestora de fondos para la autogestión de iniciativas territoriales en gobernanza forestal lideradas por mujeres y jóvenes en la Amazonía”, implementada por el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe – FILAC, en el marco del Programa Amazonía+, financiado por la Unión Europea.
El Programa Amazonía+, financiado por la Unión Europea, fue implementado por la Agenzia Italiana per la Cooperazione allo Sviluppo – AICS, la Fundación para la Internacionalización de las Administraciones Públicas – FIAP y Expertise France – EF, con el apoyo del Joint Research Centre – JRC.
Un proyecto para la vida y la soberanía alimentaria
La iniciativa se implementó en las comunidades amazónicas de Cerro Picaflor, Pumpuriani, Mariscal Cáceres, Carapairo, Bajo Picaflor, Yaroni, San Pedro de Sotani, Shankivironi – Bosque de Saberes, San Román Satinaki, Pampa Michi y Sancachari, con el propósito de impulsar un modelo comunitario integral que articule la recuperación ambiental con el fortalecimiento económico y cultural de las comunidades.

En nueve comunidades se desarrollaron acciones para la recuperación de fuentes de agua; en cinco de ellas se implementaron criaderos de peces; y, dentro de estas mismas, tres comunidades también establecen viveros comunitarios. Este proceso se complementa con la instalación de parcelas demostrativas orientadas a la recuperación de alimentos y frutos nativos.
Sanar la Madre Naturaleza desde los territorios
Una de las principales estrategias de la iniciativa fue la recuperación de al menos 15 fuentes de agua como parte de un proceso de “Sanación de la Madre Naturaleza”. De esta manera se llegó a cuatro comunidades —Chinari, Pampa Michi, Sancachari y Bajo Picaflor— donde se implementaron talleres de gestión territorial para el fortalecimiento de la autonomía comunal, salidas de campo y procesos de mapeo participativo con la participación de sabios y sabias, mujeres y niños y niñas.
Asimismo, través de asambleas comunitarias, se establecieron acuerdos territoriales de registro y cuidado de los “ojos de agua” y se designaron a protectores y protectoras de los ojos de agua en cada comunidad, reforzando el Gobierno Propio desde las propias comunidades.

En estas reuniones también se reflexionó sobre los nombres en lenguas originarias de cada ojo de agua, cuya importancia apareció en las actas, siendo reconocidos como sitios sagrados según la cosmovisión de cada pueblo. Las propuestas de nombres para cada ojo de agua, se formulan entre los sabios, sabias y mayores de la comunidad y suelen estar inspirados en la historia y la memoria de cada lugar.
Para OMIAASEC y las comunidades involucradas, esta actividad representa una acción de gran importancia frente a las constantes amenazas de despojo territorial y la expansión de monocultivos como el jengibre y la cúrcuma. En tal sentido, las asambleas de acuerdos territoriales permitieron que las comunidades, en ejercicio de su autonomía, asuman compromisos colectivos para la protección de sus ojos de agua.
Implementación de criaderos de peces nativos
Como parte de esta propuesta, también se implementaron, en cinco comunidades, criaderos de peces nativos, como una alternativa sostenible para fortalecer la soberanía alimentaria y generar ingresos locales. Para ello, se construyeron seis estanques, se realizaron procesos de capacitación técnica y se dotó a las comunidades de alevinos (crías recién nacidas de los peces), y alimentos para su crianza.

Esta iniciativa permitió recuperar prácticas tradicionales de producción acuícola, diversificar la dieta comunitaria y reducir la dependencia de alimentos externos, fortaleciendo así la seguridad alimentaria en los territorios.
El proceso contempló la adquisición de alevinos para los seis estanques y la provisión de alimentos para el desarrollo adecuado de los peces, garantizando así la sostenibilidad de la producción y el fortalecimiento de las capacidades locales en el manejo de la piscicultura comunitaria.
Un Bosque de Saberes de la Mujer Asháninka
Una de las acciones más importantes de la iniciativa fue el fortalecimiento del “Bosque de Saberes de la Mujer Asháninka”, un espacio vivo de aprendizaje y transmisión de conocimientos ancestrales. En este marco, se realizaron salidas de campo e intercambios de saberes con sabias de las comunidades, orientados a la recolección de semillas de plantas y alimentos nativos.

Este Bosque de Saberes, ubicado en el sector San Carlos Shankivironi, se consolida como un espacio clave para la recuperación, conservación y revitalización de la biodiversidad local, así como para el fortalecimiento de los conocimientos tradicionales de las mujeres Asháninkas.
Asimismo, se impulsó la elaboración de propuestas normativas comunales que promueven la participación de las mujeres indígenas en los espacios de toma de decisiones, reconociendo su rol como defensoras del agua, la biodiversidad y la soberanía alimentaria.
Semillas nativas y recuperación de alimentos ancestrales
En tres comunidades —Bajo Picaflor, Yaroni y Pumpuriani— se implementaron parcelas demostrativas y viveros comunitarios orientados a la recuperación de semillas y frutos nativos. A través de escuelas de campo y diálogos de saberes, las comunidades intercambiaron conocimientos sobre especies tradicionales, fortaleciendo la transmisión intergeneracional.

Estas acciones permitieron revalorizar la diversidad biocultural amazónica, promover sistemas agrícolas sostenibles y recuperar alimentos que forman parte de la identidad cultural de los Pueblos Indígenas.
La OMIAASEC estima que esta actividad tuvo gran importancia porque permitió a las comunidades reconectarse con la Madre Naturaleza. La variedad de plantas distribuidas en las comunidades generó expectativa y entusiasmo entre los comuneros, además de contribuir a garantizar la recuperación de la biodiversidad y la protección de las fuentes de agua.

Para la organización, que actualmente se encuentra en un proceso de recuperación de la biodiversidad en sus territorios, la entrega de plantas medicinales, frutales y forestales nativas representa una oportunidad para reconocer, valorar y recuperar especies propias de la región, fortaleciendo así los conocimientos tradicionales y las prácticas de cuidado del entorno natural.
Impacto social y comunitario
El proyecto benefició directamente a 275 personas de las comunidades en las actividades de recuperación ambiental y productiva, además de 60 niños y niñas y 25 mujeres socias de OMIAASEC, además de generar impactos indirectos en más de 450 personas de las comunidades involucradas.
Más allá de los resultados técnicos, esta iniciativa representa una apuesta política y cultural por la vida. Las mujeres indígenas amazónicas no solo están recuperando fuentes de agua o semillas nativas; están reconstruyendo los lazos con su territorio, fortaleciendo su autonomía y reafirmando su papel como guardianas de la biodiversidad.
En cada comunidad, en cada semilla recuperada y en cada ojo de agua protegido, se teje una misma convicción: que la defensa del territorio es también la defensa de la vida.


